China

Changsha, xu e irene

Después de dos días en Hong Kong, llegó el momento de poner rumbo a Changsha. La idea era llegar a Shenzhen, ciudad fronteriza entre Hong Kong y la República Popular China en autobús para coger el tren de alta velocidad y reunirnos con Xu y su prometida Irene a la hora de cenar, pero al llegar a la ventanilla nos esperaba una sorpresa: En un país con 1.300 millones de personas no puedes pretender llegar a la estación en una semana festiva y que haya dos billetes esperando a que los compres. No había billetes para los próximos días, así que decidimos hacer noche en el hotel más cercano al moderno aeropuerto de Shenzhen e ir a Changsha en avión al día siguiente por la mañana.

El hotel en cuestión estaba en el típico barrio (y digo barrio por decir algo, porque eran dos calles) chino en el que sus habitantes no habían visto un blanco más que en televisión. Suele pasar, los aeropuertos no están precisamente cerca del centro de las ciudades, y menos en China, con la extensión que tiene, así que visto el barrio, considero que aún tuvimos suerte de que el hotel fuera mínimamente decente. Después de instalarnos (vale, dejar las maletas tiradas) salimos a cenar y comprar una tarjeta SIM para estar un poco más conectados. En un barrio como ese no se puede esperar gran cosa en cuanto a restaurantes, y aunque la comida estaba realmente buena, en China hay chinos y estos no son precisamente agradables a la hora de comer. Gente sin camiseta, escupiendo en el suelo, fumando, gritando y cómo no, señalando a los blancos que nadie sabía qué hacían allí. Todo esto no fue nada comparado con la tristeza que me inundó cuando descubrí que toda la cerveza que venden en ese país es light.

Barrio de Shenzhen en el que estaba nuestro hotel

Barrio de Shenzhen en el que estaba nuestro hotel

Nos obligaron a pedir pescado, y allí se quedó

Nos obligaron a pedir pescado, y allí se quedó

A las 10am del día siguiente ya estábamos en Changsha, donde Xu nos había reservado una habitación en el mismo en el que se hospedaba la familia de Irene (la novia), al lado de su casa. Quedamos con él para comer unos noodles típicos de la región de Hunan, donde se encuentra Changsha, y cuya comida se caracteriza por ser especialmente picante. Tan picante que muchos habitantes de esta región viajan habitualmente con un pote de salsa / aceite picante para añadírsela a todo lo que comen, porque están acostumbrados a eso y cualquier otra cosa les parece insípida.

Noodles típicos de Hunan

Noodles típicos de Hunan

Con el estómago lleno, Xu nos llevó a la Yuelu Academy, fundada durante la Dinastía Song en el año 976 y considerada una de las cuatro shuyuan (academias de aprendizaje superior), y la universidad más antigua del mundo. Discípulos de Confucio como Zhu Xi o Zhang Shi estudiaron aquí y a día de hoy sigue siendo útil como parte de la Universidad Normal de Hunan para el estudio del idioma Han, así que aunque no lo esperaba, acabé viendo una buena parte de historia en Changsha.

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Después de la ruta cultural nos reunimos con la familia de Irene en lo que podríamos llamar “Las Ramblas de Changsha”. Allí nos tomamos una cerveza y esperamos a que llegaran los padres de Xu para ir a cenar.

Abarrotadas calles del centro de Changsha

Abarrotadas calles del centro de Changsha

En China no es habitual eso de que cada uno se pida su plato y si hay mucha gente ponen mesas redondas con una plataforma giratoria en medio en la que colocan toda la comida, así que es muy fácil y cómodo poder coger lo que quieres y, sobre todo, no molestas a los demás. Tampoco se sirven nada en sus platos, si no que cogen las cosas con sus palillos y se lo comen directamente. La excepción lógica a esto es la sopa, que cada uno se sirve en su tazón. Entre los platos que había encontramos tofu apestoso y huevos centenarios, ambos sorprendentemente buenos a pesar del aspecto. El resto era comida más “normal”: pastelitos rellenos de carne, verduras, carne y el hongshao rouun plato de cerdo típico de China que me pareció lo mejor junto al huevo centenario.

Los padres de Xu, la madre de Irene e Irene

Los padres de Xu, la madre de Irene e Irene

Tener una boda al día siguiente por la mañana no sirvió de excusa para no ir a tomar una copa antes de ir a dormir y descubrir que en China también tienen juegos  para beber en todos los bares. En este caso no tienen el 4 en raya o el jackpot / shut the box como en Tailandia, si no que juegan al mentiroso con dados y a una especie de piedra – papel – tijera mezclada con un baile ridículo con las manos. No es más que el juego que todos conocemos pero con el orden inverso, pudiendo jugar tanta gente como quieran y siendo el baile ridículo previo un sustituto de nuestro adorable “1 2 3 1 2 3 YA”, pero que tiene sentido porque también juegan en las discotecas y no es cuestión de pasarse el rato gritando “1 2 3 1 2 3 YA” (tampoco se oirían).

A la mañana siguiente fuimos a la boda que nos sirvió de excusa para hacer este viaje, y fue una experiencia curiosa, aunque menos espectacular de lo que pensaba. La ceremonia se celebró en un hotel donde se reunieron alrededor de 200 invitados y en los que los únicos que íbamos vestidos de manera especial éramos los pocos occidentales que estábamos allí y los novios. No es que me importara, pero sí me sorprendió que ni los padres del novio se vistieran de gala. Los chinos son cutres y descuidados por naturaleza, y eso se nota en todos los aspectos de su vida.

El enlace en sí estuvo dirigido por un maestro de ceremonias que por lo visto es famoso, pero no tengo ni idea de quién es. Éste presentó al novio, que subió al escenario a saludar y esperó a que apareciera la novia, con la cara cubierta para que nadie la viera antes que su prometido (esta es una tradición que se mantiene desde hace siglos, cuando los matrimonios eran totalmente por conveniencia y muchas veces esa era la primera vez que el novio veía a la novia).Con ambos en el escenario fue el turno de los padres, que se sentaron detrás de los protagonistas, y el novio empezó a mirar bajo el “velo” de la prometida, a ver si la mujer era de su agrado. No es que pudiera devolverla si no le gustaba. Ni ahora ni hace 5 siglos, pero es una tradición y así lo hacen. Una vez descubierta la cara de la novia, empezaron a hacerse ofrendas y reverencias unos a otros, y poca más historia tuvo la ceremonia en sí. Esperaba algo más sobrio, largo o pesado, pero no fueron más de 5 minutos.

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Los novios en el escenario durante la ceremonia

Aquí un video

La ceremonia fue corta y sin demasiada magia, igual que la comida, que acabó en poco más de una hora, lo que dio pie a que la familia de la novia, los novios y otros amigos que tienen en Changsha fuéramos a tomar café y copas hasta la hora de cenar, cuando los padres del novio volverían a llevarnos a cenar.

El día siguiente lo dedicamos a hacer algo más de turismo visitando el Templo Kaifu y el Parque Tianxin. No soy muy amigo de ir a ver ruinas y templos, pero cuando estás en sitios con tanta historia, qué menos que una visita.

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Esa noche nos tomamos alguna copa y me di cuenta que después de una semana de vacaciones, volver a casa no significaba volver a Barcelona con la familia y amigos, si no que era volver a Bangkok a seguir viviendo nuevas experiencias. Al final será verdad eso de “vivo en Bangkok”.