Hong Kong

Hong Kong

He de reconocer que la boda de Xu no era más que una excusa para viajar un poco por Asia y sobre todo ver a Yago, gran amigo desde la infancia con el que apenas coincido un par de veces al año debido a que su residencia habitual desde hace casi una década es Asia, mayormente Japón, dónde vive ahora felizmente casado y con un hijo.

Dicho esto, la primera parada del viaje era Hong Kong, ciudad que Yago conoce bien ya que estuvo un año estudiando allí. Quedamos directamente en el hotel, ya que llegábamos con varias horas de diferencia, así que desde el aeropuerto cogí un autobús en dirección al Regal Riverside Hotel, porque si algo tiene Hong Kong es que no es una ciudad barata precisamente, y un taxi podría salir fácilmente por 50 o 60 euros. Tuve suerte y el hotel era suficientemente grande (1.000 habitaciones, ni más ni menos) como para tener parada de autobús propia, así que 20 HKD y un capítulo de Vikings (serie que recomiendo encarnecidamente) después estaba en el hall de ese edificio hortera lleno de luces que sería mi casa por dos días. Ya eran alrededor de las 9.00pm, así que decidimos cenar en el hotel y tomar en algo allí mismo. Estábamos cansados y después de casi un año sin vernos, había mucho de que hablar para ponerse al día.

Hong Kong ha crecido mucho en los últimos años debido a sus beneficios fiscales, y lo ha hecho de la única manera que ha podido: hacia el cielo. Esto la convierte en una ciudad única y muy peculiar, ya que aunque hay muchas ciudades con rascacielos, pocas hay que estén una situación geográfica tan particular. Entre valles y montañas, han ido construyendo de la forma menos uniforme que uno se puede imaginar. “Necesitamos otro edificio” – “Allí hay un hueco” – “Venga, 60 pisos serán suficientes” Y así van creciendo sin tener en cuenta absolutamente nada. Tienen la suerte de estar en una región libre de movimientos sísmicos y tsunamis, porque teniendo en cuenta que sus andamios están hechos con bambú, cualquiera se puede imaginar la calidad de los edificios.

Bamboo scaffold in Hong Kong. Andamio de bambú en Hong Kong

Andamios hechos de bambú en Hong Kong.

Al día siguiente por la mañana fuimos en ferry a la isla principal, donde pude comprobar lo agobiante que puede llegar a ser la cuarta ciudad más densamente poblada de Asia. Y más aún si tenemos en cuenta que era 1 de Mayo, fiesta en casi todo el mundo, y uno de los pocos días del año en que las criadas de Hong Kong no trabajan. Estas mujeres viven en las mismas casas que trabajan, así que los días de fiesta están todas en la calle (¿quién se quedaría en su lugar de trabajo un día festivo?), sin apenas dinero, por lo que se reúnen en cualquier lugar (literalmente, desde parques hasta cualquier acera de la ciudad les sirve para sentar campamento), se sientan y pasan allí el día.

Hong Kong Skyline

Skyline de Hong Kong desde el contintente.

No somos gente de madrugar y realmente no teníamos ninguna prisa, así que cuando llegamos a la isla ya era la hora de comer y fuimos a un sitio local. No recomiendo esta experiencia a quien no le guste experimentar o vaya con alguien que hable chino, ya que una vez sabes cómo va todo no es tan complicado y si tienes suerte la carta estará “subtitulada” en inglés, pero la primera vez es para volverse loco, y más en un restaurante como este que tenía casi 400 mesas.

Menu at a Hong Kong restaurant

Carta del restaurante local en el que comimos.

Otra cosa curiosa de esta gente es que, a pesar de que los platos, vasos y cubiertos se supone que ya están limpios cuando te los dan, tienen agua hirviendo a disposición de los clientes por si quieres darles un repaso tú mismo. No parece algo necesario en un sitio en el que son tan cuidadosos que lavan la fruta con jabón, pero parece ser que los casos de gripe aviar que sufrieron en Hong Kong han influido mucho en las costumbres de esta gente.

Al margen de sus rarezas, hay que reconocer que la comida estaba muy buena y salimos de allí realmente llenos. Entre pastelitos de carne, cerdo, sopa de pollo, pato, algo con gambas y demás variedades no sabría decir qué era exactamente cada cosa, pero sí que recomiendo probar la comida de Hong Kong a cualquiera que vaya y pueda (como he dicho, no es nada fácil ir a un sitio típico sin hablar chino, pero puede ser divertido).

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Después de comer fuimos a Mid Levels, un barrio con calles peatonales situadas encima de las propias calles. Debido a que Hong Kong está construida en una montaña, los desniveles son considerables, así que estas “calles flotantes” son en gran parte escaleras y rampas mecánicas que facilitan mucho el movimiento de gente. Allí nos tomamos un café al módico precio de 5€ y cogimos el tranvía para ir a otra zona de la ciudad, con más gente aún que la anterior.  El objetivo era encontrar un bar para tomar una cerveza y descansar, así que cervecita fresca y al hotel a cargar baterías (nuestras y de los móviles, por supuesto).

Hong Kong Mid Levels

Hong Kong Mid Levels

La vuelta a la isla para cenar no fue tan pesada como la anterior en Ferry. Esta vez sólo necesitamos un transbordo del metro para llegar de nuevo a Mid Levels, dónde Yago conocía un restaurante de estos que si no sabes dónde vas no encuentras ni por casualidad. Era un cuarto piso de un edificio aparentemente de viviendas. Y ahora no os voy a contar qué tal estaba el sitio, porque por desgracia estaba cerrado y acabamos en un Pizza Express. No hay queja, hacía más de dos meses que no me tomaba una pizza, así que bienvenida.

Después de cenar fuimos a la zona donde están todos los bares y discotecas. Buena fiesta con más occidentales que orientales y poco más.

La mañana siguiente ya nos íbamos a Changsha, no sin antes pasar por la zona industrial de Hong Kong para que Yago hiciera algo de business y de paso ver la única zona de Hong Kong que me faltaba. De allí fuimos de nuevo al centro, a la estación de autobuses, para cruzar la frontera e ir a Shenzhen con intención de coger el tren de alta velocidad en dirección a Changsha. En este rato me di cuenta de algo que había pasado por alto el el día anterior: la gente hace cola para entrar a las tiendas de lujo. Colas de 20 y 30 personas para entrar a comprar en Hermés, Prada, LV… Tienen mucho dinero y con tal de demostrarlo llevando cosas de marcas determinadas son capaces de perder la dignidad. Personalmente no haría cola para gastarme miles de euros en una tienda. Como dice Richard Gere en Pretty Woman, lo que esperaría en ese caso es que me hagan la pelota. Entiendo que las marcas quieren mantener el trato personalizado al cliente y por eso no quieren tener más de X personas dentro de la tienda pero les voy a dar una idea gratis, que estoy generoso: que den hora como si fuera una peluquería, que no cuesta tanto.

Quien me conoce sabe que soy una persona de ciudad y que necesito ese frenesí que ofrecen las grandes urbes, pero lo de Hong Kong ha sido demasiado. Yago me dijo que la cantidad de gente que había ese día no era normal y debía ser debido a ser 1 de Mayo, así que tengo excusa para volver y ver la ciudad en un día normal, a ver si cambio de opinión.

Next stop, Shenzhen – Changsha.