Personal

Huir es de cobardes

Se suele decir que huir es cobardes, porque únicamente se asocia a la acción de alejarse del peligro o las adversidades, pero ¿qué hay de lo que se deja atrás cuando uno toma otra dirección? Es lógico pensar que si uno cambia de rumbo es porque ha sopesado lo positivo y lo negativo que eso le va a aportar y ha pesado más lo positivo, pero, de nuevo, no hay que olvidar todo a lo que se está renunciando, especialmente en situaciones en las que el futuro no son más que “posibles”.

Apenas llevo dos semanas instalado en Bangkok y me da la sensación que llevo aquí meses. Tal vez sea por el viaje de tres semanas que disfruté entre Barcelona y la capital tailandesa, pero lo que está claro es que un lugar que te hace sentir como en casa en sólo dos semanas, no puede ser una mala elección. ¿O sí? Realmente creo que sí, que puede que en dos semanas más esté harto de la comida barata (pero buenísima), de que todo el mundo sonría constantemente, del sol, de la vida fácil… bueno no, creo que no me voy a cansar de esto. Lo que sí puede pasar es que, como decía antes, eche de menos a las personas (y animales, Shiba :*) a las que he “renunciado” temporalmente. Esas personas que me habéis hecho sentir mejor y ayudado a superar el que probablemente haya sido el peor año de mis 29, con el mérito añadido de haber conseguido que, a pesar de todo, 2013 haya sido un gran año de compañías y de grandes descubrimientos de amistad y familia (incluso las dos a la vez).

A todos vosotros siento que os debo un “gracias” desde que me fui. Lo siento especialmente porque no me gustan las despedidas y uno se va sabiendo que es posible que haya dejado una sensación de que no me importa lo que dejo atrás, y realmente no es así. Me he ido a pasar temporadas fuera de España varias veces, y no ha habido ninguna en la que no haya dado rienda suelta a mis sentimientos nada más pasar el control de seguridad del aeropuerto de Barcelona. Lo hago así porque es un momento muy íntimo para mí y no soy capaz de expresarlo a los demás sin sentirme demasiado vulnerable, y por eso escribo esto ahora, con miles de kilómetros de distancia y protegiéndome detrás de una pantalla, como he hecho tantas veces en mi vida.

Gracias por los abrazos espontáneos. Por obligarme a tomarme una cerveza cuando sabías que la necesitaba. Por decir “no importa” cuando sí importaba. Por entender que era un momento difícil. Por aceptar que conmigo a veces es mejor el silencio que las palabras… agradecería tantas cosas que me habéis demostrado y enseñado este año que no acabaría nunca, pero lo que mejor resume mi agradecimiento es, a palabras de mi padre: Gracias por aguantarme cuando no me aguantaba ni yo.

Gracias especialmente a Mamá, Papá y Marta.